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Del Carril |
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Miguel Tancredi comenzó su carrera artística a los 14 años de edad, lleva hoy 60 año trabajando de animador de fiestas criollas. Cuando el llego a Del Carril solo había unas poca casa, el vivía el la estancia donde hoy por hoy sigue viviendo (estancia Ferrecio). Su carrera comienza cuando recibió un llamado por parte de el gringo de lobos (animador de fiestas criollas) anunciándole el día de su debut como animador en la ciudad de saladillo, con el apodo "el pibe carrilero" mas tarde se lo conoció como "el carrilero". Miguel trabajo por toda las ciudades Buenos Aires y 2 veces en el Uruguay.
Sábado 19 de agosto de 2006 |
Publicado en edición impresa
Suplemento La Nación
Historias y personajes / De mis pagos El Carrilero, un conocedor de los códigos camperos
En el centro de Buenos Aires su
nombre es sinónimo de jineteadas y
fiestas criollas
DEL CARRIL, partido de Saladillo.- En el centro de la provincia de Buenos Aires su nombre circula frecuentemente cada vez que se habla de la realización de alguna jineteada u otra fiesta criolla. Y no es desde ahora que Héctor Miguel Tancredi es un personaje conocido, pero no por ésta identidad sino por el seudónimo de El Carrilero, un gentilicio que lo asocia a la localidad de donde es oriundo (Del Carril) en el partido de Saladillo. A una legua (cinco kilómetros) de la citada estación se halla la estancia La Flavia, donde Tancredi ha trabajado toda su vida (ya anda por los setenta y pico). Conocedor de los trabajos y códigos camperos, que contienen un lenguaje muy particular en el que el repentismo y la ocurrencia son dos condimentos que suelen caracterizar a quien los describe, El Carrilero, que posee ambas condiciones, se hizo un espacio en una época muy diferente a la actual para las fiestas criollas. Aunque dice que le hubiera gustado ser cantor puede darse por satisfecho con los resultados de esta profesión que relevó a la anterior y de las gratificaciones que le dio a los largo del tiempo. "Tuve la oportunidad de trabajar en jineteadas en las que no se sacaba a los hombres de arriba de los caballos, sino que se los enganchaba con un fierro al que llamaban anzuelo y se los traía hasta el palo para desensillarlos y bajar al jinete. Se hacían en potreros que tenían 100 hectáreas o más, y al caballo que «bajaba» (que volteaba al jinete) lo tenían que enlazar para sacarle las pilchas", comenta. El animador recuerda que no se trabajaba igual ni dentro ni fuera del campo de jineteadas: un solo animador desempeñaba la actividad que hoy realizan tres hombres con un equipo de sonido muy superior al existente en aquel tiempo. En varias oportunidades destaca la calidad de los
jinetes actuales y reconoce que la profesionalización de
estos tiempos ha jugado en favor del espectáculo y de la
seguridad de los montadores.
"Es muy diferente lo que se puede alcanzar con la dedicación que algunos jinetes tienen hoy, como por ejemplo el caso de Omar Rosas, que fue mi vecino y lo vi entrenar diariamente, o de Jorge Aristegui que tiene una carrera brillante ante aquellos muchachos que trabajaban en cualquier actividad y el domingo se sentaban sobre un reservado. Lo de hoy es una tarea de atletas", explica. Por las anécdotas que cuenta, se deduce que este hombre compartió momentos con Miguel Franco, Julio Secundino Cabezas o Rafael Bueno, por los que manifiesta gran admiración, aunque no se olvida de otros contemporáneos como Héctor "Mito" Bigot o Rubén Barcia, a quien define como uno de los grandes conocedores del oficio entre sus colegas. Pero entre ellos tiene un especial recuerdo para El Gringo de Lobos, quien le dio un lugar en sus comienzos. Fue testigo también de las modalidades de montas más tradicionales, como el cuero tendido y un poco más acá en el tiempo la gurupa o la casi reciente aparición de los bastos y encimera. "Conocí gente muy jinete, pero creo que de los que vi destacaría a Oscar Calamaco, que andaba muy bien en las dos montas, y a los hermanos Najurieta, de Ayacucho, que se destacaban con la gurupa", cuenta. Dueño de una picardía criolla que a veces lo lleva a hacer sonrojar a más de algún oyente, El Carrilero alude a dichos y refranes propios y ajenos y a anécdotas protagonizadas por sus amigos a quienes atribuye toda clase de desventuras o picardías. Llevar la fiesta"Es una forma de llevar la fiesta hacia adelante, que a veces es lo más difícil. Aunque por momentos hay que ponerse serio y explicar cuando está el caballo en el palenque, detalle por detalle, para aquella gente que viene por primera vez a una jineteada y que no conoce cómo es el tema", asegura. Recuerda también a dos caballos que hicieron historia, como El Cuatro de Copas y El Zorro ("el Maradona de los caballos"). "Ese animal [por El Zorro] bajó a gente de «pata muy pesada» y toda elegida para montas especiales. Lo vi muchas veces y dio grandes espectáculos en los que se juntaron verdaderas multitudes", relata El Carrilero. En una práctica como la jineteada, compartida con tanta pasión por los uruguayos no puede dejar de mencionar a un jinete que a su criterio fue inigualable montando de las crines. "Se quebraba un sombrerito y subía con unas espuelas piguelo cortito. Lo vi sobre grandes caballos. Esa es una monta muy complicada porque es como en el agua: no hay de dónde agarrarse", destacó. Ya pronto a jubilarse de sus tareas rurales está más vigente que nunca en los espectáculos criollos. "Ahora se vienen todas las jineteadas de las rurales y por suerte todos me tienen en cuenta. Hoy ya no hay fiesta chica y hay que estar inspirado e improvisar porque muchas veces a uno se le acaban los versos del repertorio". Fiel a la práctica que lo caracteriza, se despide con un poema: "Cuando me viene un paisano/me pongo de más contento/y hay que hacerle un monumento/si anda de viaje un hermano/hay que tenderle una mano si el hombre anda de a pie/de derecho o de revés/con ese estirpe campero./Es un honor para mí/que visite al Carrilero". Por Horacio Ortiz Foto: Horacio Ortiz
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